lunes, 28 de abril de 2014

Reseña histórica de la Iglesia Evangélica en México 1ª Parte



     Esta es una investigación histórica que presenta el establecimiento y desarrollo de la iglesia evangélica en México. Es un registro cronológico tomado de fuentes fidedignas oficiales, culturales y evangélicas, con el propósito de aprender de nuestra historia; de nuestros desaciertos para no repetirlos, y de nuestros aciertos para perfeccionarlos, y así cumplir cabalmente como iglesia evangélica nuestro objeto social y espiritual en la presente generación y de cara a las generaciones venideras.

Desde su visión regional, Jesús manifestó su cosmovisión global evangelizadora cuando dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor”. (Juan 10:16). Por esa razón Él comisionó a sus apóstoles diciéndoles: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones,…” (Mateo 28:19). El apóstol Juan lo describió de la siguiente manera: “… nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;…” (Apocalipsis 5:9).

 Esa visión lanzó a Pablo a la evangelización de las naciones y le impulsó a expresar su anhelo y determinación de llevar el evangelio a España: “… cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya gozado con vosotros… Así que, cuando haya concluido esto, y les haya entregado este fruto, pasaré entre vosotros rumbo a España”. (Romanos 15:24, 28). Es indudable que Dios se lo concedió. El evangelio llegó a España traído por Pablo, y de España y demás naciones europeas llegó a México durante la Colonia.

La fe evangélica fue traída a México desde el Siglo XVI por comerciantes y viajeros europeos hacia el año 1536. Varios siglos antes del arribo de personas enviadas ex profeso a la nación mexicana para realizar labores para diseminar el protestantismo, hubo aquí presencia desde la Colonia de ciudadanos provenientes de países donde dominaba la fe protestante o de españoles que en secreto profesaban ese credo. A pesar de todos los controles, en el país hubo protestantes durante los tres siglos de la Colonia.

En el primer cuarto del siglo XIX, la independencia de México abrió el camino a una cierta tolerancia a religiones diversas de la católica. La gran mayoría del pueblo seguía fiel a la tradición católica y sólo en círculos de tendencias liberales llegó a hablarse entonces de la posibilidad de introducir otras religiones como la protestante. 

Sin embargo, Carlos Monsiváis en su artículo “Tolerancia y persecución religiosa”, destaca:“En 1816, en México, un ciudadano inglés, anglicano, al no descubrirse al paso del Santísimo, fue insultado, golpeado y finalmente linchado por una turba que suplía a la santa inquisición en sus funciones. Muy influido por Voltaire, y su notable defensa del hugonote Jean Calas, José Joaquín Fernández de Lizardi –cuyo seudónimo es El Pensador Mexicano- valerosamente criticó lo acontecido y se pronunció por la tolerancia”. 

La Constitución Mexicana de 1824, no consagró la libertad religiosa. Se limitó a establecer que la religión de Estado era la católica y prohibió el ejercicio público de cualquiera otra.

Varios diputados habían advertido el peligro de permitir la entrada a la nación a “falsas sectas”. Carlos María de Bustamante concluyó que el intento de establecer la tolerancia era inoportuno. “Llegará el día -declaró- en que nuestra gente pueda tratar con protestantes, pero por el momento la tolerancia, además de peligrosa, sería impolítica.” 

A la ciudad de México, llegó el ministro y agente de la Sociedad Bíblica Americana, James (Diego) Thompson, un escocés de la iglesia bautista, que hizo muy importante labor de difusión de la Biblia entre 1827 y 1830. Es reconocido como precursor del protestantismo en las naciones de habla hispana de México y Argentina. Fue también el introductor del sistema lancasteriano de educación.

Desde 1827, José María Luis Mora y Lorenzo de Zavala se asociaron a la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera para ayudar a la propagación de las Sagradas Escrituras. Si bien la difusión de la Biblia no estaba prohibida, es evidente que en esta tarea se prestaba colaboración al proselitismo protestante. 

A partir de la Ley de Libertad de Cultos, promulgada por Benito Juárez el 4 de diciembre de 1860, se abrió la posibilidad legal de que pudieran establecerse iglesias distintas a la católica romana. Esto no significó que a partir de entonces se haya dado la llegada de misioneros protestantes a nuestro país, ellos y ellas tenían algunas décadas haciendo su trabajo de manera silenciosa, pero eficaz.

La historia de los Bautistas en México se inicia con los trabajos bíblicos y misioneros del Sr. Santiago Hickey al llegar a Matamoros, Tamaulipas,  procedente de Brownsville, TX., en 1861.  Al año siguiente, Hickey pasó a Monterrey invitado por el Sr. Tomás M. Westrup, inglés radicado en Monterrey, y allí continuó su trabajo  misionero y la distribución de la Biblia como agente de la Sociedad Bíblica de Nueva York.

El Sr. Hickey inició cultos en español en la casa de los hermanos José María y Arcadio Uranga.  Fue allí donde por primera vez en la historia de México se predicó el primer sermón evangelístico  en español, el domingo 1 de marzo de 1863.  Al domingo siguiente, 8 de marzo se estableció en la misma casa la primera Escuela Dominical que hubo en nuestra patria.

El 30 de enero de 1864, en una acequia que corría al noreste del Obispado fueron bautizados por inmersión los Sres. Tomás M. Westrup y José María y Arcadio Uranga.  Ese mismo día por la noche, con los tres bautizados, el Sr. Hickey y su esposa, se organizó la Primera Iglesia Evangélica Mexicana que después tomó el nombre de Primera Iglesia Bautista de Monterrey.  Para diciembre de 1864 ya tenía 22 miembros.  Esta iglesia nunca ha interrumpido sus trabajos.  Todavía existe en las calles de Aramberri y Guerrero en Monterrey.  Tiene 146 años, es la iglesia protestante mexicana más antigua del país.  Su primer pastor fue el Sr. Tomás M. Westrup.

Durante la Intervención Francesa, el movimiento conocido como la Sociedad Católica Apostólica Mexicana casi desapareció; fue resucitado con el apoyo de Benito Juárez en 1867.  La puerta se abrió. El protestantismo podía entrar legalmente a México, no sólo sería tolerado, sería bienvenido; Juárez estaba convencido: “la futura felicidad y prosperidad de mi nación depende del desarrollo del protestantismo”.

A partir de aquí se fueron fundando otros núcleos en ciudades vecinas. Esta actividad se reforzó en 1867 con la llegada de la maestra Melinda Rankin, quien fundó una escuela en Monterrey.

A partir de 1870 nacen otros grupos protestantes de afiliación metodista y abiertos a los mexicanos en el centro del país, impulsados por los ingleses dedicados a la minería. Su foco principal de difusión era Real del Monte, Hidalgo, donde ya los extranjeros practicaban libremente su religión desde mucho tiempo atrás. Para 1872 había en el país unas cincuenta sociedades religiosas no católicas, de diez a trescientos miembros cada una. En estas cincuenta sociedades están incluidas tanto las que eran formalmente protestantes como las autóctonas formadas por mexicanos liberales, animados a la par por un sentimiento anticatólico y por una inclinación al protestantismo. 

Para cuando llegan del extranjero de forma organizada y relativamente numerosa los misioneros protestantes, a partir de 1870, en México ya existían importantes redes que permitieron a los enviados cosechar en muy poco tiempo buenos resultados.

Para 1871, Henry Nelson, encargado de la legación americana en México, escribió al Departamento de Estado de los Estados Unidos, informando que el protestantismo se esparcía rápidamente por toda la República: 

... pues habiendo comenzado humildemente con un templo bautista en Monterrey en 1864, una de tantas congregaciones capitalinas había adquirido para sus servicios religiosos nada menos que uno de los templos y convento anexo de San Francisco [...], el más antiguo y venerable en los anales de la evangelización católica en México. Lo que pudo lograrse al ponerse a la venta los bienes nacionalizados de la Iglesia Católica”. 

Mariano Cuevas también cita ese hecho; asegura que Juárez les “regaló” a los protestantes el hospital de El Salvador, San José de Gracia y el templo de San Francisco, y cita palabras de Matías Romero como secretario de Hacienda: 

Tuve que mandar por los protestantes o traerlos acá, ya que sólo unos cuantos extranjeros tenían otra religión que la católica [...] favorecí entonces una comunidad protestante regida por un Mr. Riley, que deseaba establecer una Iglesia Nacional Mexicana [...]. Con la cordial ayuda del presidente Juárez, que participaba de mis propósitos, y que quizá era más radical que yo en estas materias, vendí la iglesia de San Francisco”.

 El señor Riley era Henry C. Riley, un pastor americano de la Iglesia Episcopal que había llegado en 1868 para apoyar a la Sociedad Católica Apostólica Mexicana que serviría de base a la Iglesia Nacional. 

Para resolver el problema del obispado de la nueva Iglesia, se hizo una convención que eligió al ex sacerdote católico Manuel Aguas, quien murió antes de que la Iglesia Episcopal Protestante de los Estados Unidos lo consagrara. En 1874 se frustró la consagración de otro obispo y finalmente el propio Riley fue el primer obispo de la Iglesia de Jesús en México, como se le llamó. No pudo quedarse en México y el debilitamiento que sobrevino provocó que para 1906 la Iglesia de Jesús concluyera su intento de ser independiente y se volviera parte de la Iglesia Episcopal Protestante. 

Para educar con religión, algunos liberales pensaron en el protestantismo. Melchor Ocampo propuso una medida drástica; si la religión católica era un instrumento al servicio de una fracción, el único remedio y el más seguro era cambiar de religión de los mexicanos. Ocampo pensó en una religión que no sirviese de medio de explotación, y la más apropiada le pareció ser el protestantismo. 

Justo Sierra también la consideró más cercana a la ilustración que se buscaba, y Benito Juárez, por su parte, quería una religión para el indígena, pero no la católica. Alguna vez dijo:Desearía que el protestantismo se mexicanizara conquistando a los indios, éstos necesitan una religión que los obligue a leer y no los obligue a gastar sus ahorros en cirios para los santos.

El carácter de modernidad que tenía el protestantismo, el hecho de que fuera la religión más practicada en países modelo de civilización como Inglaterra y los Estados Unidos era sin duda un elemento que permitía verlo con buenos ojos. A final de cuentas, era el protestantismo la religión más a tono con la libertad individual que se anhelaba. 

A la muerte de Juárez, le siguió Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876), quien extremó las medidas contra la Iglesia Católica, al tiempo que abría más ampliamente las puertas a las sociedades protestantes, las cuales vinieron a reforzar los pequeños y escasos grupos reformistas que ya existían en el país, acabando por absorberlos totalmente. El apoyo otorgado por Lerdo de Tejada a los protestantes fue un factor decisivo para el establecimiento en México de las sociedades protestantes. Durante su gobierno, las asociaciones protestantes pasaron de 50 a 125. 

Las Iglesias de otras denominaciones, fundadas en distintas ciudades, estuvieron en su mayoría a cargo de ministros protestantes estadounidenses. En México, como en Monterrey y Zacatecas, contaron con el apoyo de los protestantes mexicanos no afiliados que ayudaron en la organización de congregaciones. Por ejemplo, Arcadio Morales que, junto con Sóstenes Juárez, primo del Presidente de la República, se había opuesto a la idea de la Iglesia Episcopal de los Constitucionalistas y Riley. Morales llegó a ser pastor de la Iglesia presbiteriana más importante de México, y Sóstenes Juárez, ministro de la Iglesia Episcopal Metodista del sur. 

Así, pues, en la tierra hostil al protestantismo se establecieron numerosos protestantes americanos y fundaron iglesias bajo los auspicios de los gobiernos liberales. 

En 1871 Ignacio Manuel Altamirano escribía: “Soy partidario radical de la tolerancia de cultos y, en consecuencia, tomo a pecho lo que hacen los enemigos fanáticos de esa gran reforma política. Los protestantes del distrito de Chalco han aceptado el protestantismo con entusiasmo, pero luchan con los sacerdotes.  Le aseguro a usted que si viviera en Inglaterra y los católicos fuesen oprimidos me pondría de su lado contra los luteranos, porque no defiendo ésta o aquella religión, sino a la libertad de conciencia que tanto nos ha costado obtener”. 

En 1871 los vecinos de Tizayuca se echaron sobre los pastores protestantes y “los maltrataron terriblemente”; hasta se dijo que habían matado a un tal Segovia, obligando a sus hijos a presenciar el asesinato de su padre. “En diferentes estados de la república y en distintos distritos se notan los escándalos religiosos repetidos con penosa puntualidad”. Un año antes del crimen de Tizayuca, ocurrió en Xalostoc, cerca de la capital, otro incidente parecido: tres connotados protestantes estuvieron a punto de ser muertos por el pueblo enfurecido. 

Una vez, los indígenas michoacanos del pueblo de Patamban se amotinaron contra los protestantes y desahogaron su descontento asaltando y robando las casas de las autoridades”. Este hecho fue una reacción a la actitud anticlerical de Lerdo. En enero de 1874, Ignacio Ochoa y Eulogio Cárdenas con ciento cincuenta hombres cayeron sobre Sahuayo, un episodio de la rebelión cristera que abarca los estados de Michoacán, Querétaro, Guanajuato y Jalisco, y se produce durante la administración del presidente Lerdo de Tejada para protestar por la política en materia religiosa, sobre todo por haber incorporado a la Constitución las Leyes de Reforma. 

En 1872 llegaron a la ciudad de México los tres primeros misioneros presbiterianos, los cuales, además de establecerse en la capital, se dirigieron a Guanajuato, Zacatecas y San Luis Potosí, donde hicieron contacto con las sociedades reformistas ya existentes. Ese mismo año llegaron también los congregacionales, quienes se radicaron en Guadalajara y establecieron relaciones con las doce congregaciones fundadas anteriormente en Nuevo León. Finalmente, a fines del mismo año de 1872 llegó a México la Iglesia Metodista Episcopal del Norte en la persona del obispo Gilbert Haven, alcanzado a principios de 1873 por el misionero William Butler, quien se hizo cargo de la dirección de esta iglesia en México. A éstos se añadió también en 1873 la Iglesia Metodista Episcopal del Sur, que envió al obispo Otto Keener. Éste, al regresar a Estados Unidos dejó al frente de su iglesia al mexicano Alejo Hernández, convertido en Texas. La quinta iglesia que llegó al país, en 1874, fue la Iglesia Presbiteriana del Sur, la cual entró a México por Matamoros. 

En julio de 1873, algunos vecinos del pueblo de Ahualulco, Jalisco, apedrearon al señor Watkins, a su esposa y a don Juan Lutero Stephens, ministro protestante. Se dijo que este incidente fue provocado por un sermón pronunciado por el cura católico del lugar que expresó: “todo árbol que no hace buen fruto, será cortado y echado al fuego”. El señor Watkins, indignado por la pedrada que recibió, fundó en compañía de algunos vecinos un periódico llamado La Lanza de San Baltazar, en el que se atacaba duramente al clero católico. Como en el mes de diciembre se suspendió esta publicación, don Juan Lutero se sirvió de otro periódico, el San Jorge, para “injuriar asquerosamente a los católicos”, como ellos lo expresaron. La actitud de Stephens indigna al vecindario hasta el punto de echarse sobre él y asesinarlo el 2 de marzo de 1874. 

Luis González dice al respecto: “Contando con el apoyo del régimen, los misioneros protestantes logran algunos triunfos durante la República Restaurada y hacia 1875 contaban con no menos de 125 congregaciones, 11 iglesias construidas y 99 ‘salas de sermón’ “.

En Acapulco, donde muchos de los vecinos eran extranjeros, se erigió una capilla evangélica.  El laico Procopio Camilo Díaz comenzó la iglesia e invitó a Hutchinson a predicar.  Después de 12 días a caballo, Hutchinson llega y predica durante 25 días.  El 24 de enero de 1875 se organizó la iglesia con 53 miembros.  El 26 de enero, reunidos los protestantes en su templo, el cura instigó a católicos fanáticos a atacarlos. “Fueron cobardemente asaltados por unos cuarenta hombres armados de machetes, pistolas, puñales, etcétera”. En menos de cinco minutos quedaron muertos siete protestantes y muchos heridos [...], los delincuentes huyeron; pero los vecinos de los poblados inmediatos siguieron amenazando a los evangélicos e hicieron promesa de “exterminar completamente a todos los protestantes y extranjeros”. Procopio estaba herido. Todos tenían que dejar la ciudad.  Hutchinson no estaba presente sino que se escondió y escapó en un barco a San Francisco.  Por años no hubo iglesia evangélica en Acapulco. El ejecutivo federal alarmado suplicó al gobernador de Guerrero que organizase una guardia nacional para proteger las vidas de los evangélicos acapulqueños. 

Fuente: José Luis Baltazar Valdés 

2 comentarios:

HABER, COMENTAME LO QUE QUIERAS!